Las coronas saturaban el sol,
quien majestuoso dio paso a la luna,
ansiosa de dar su propia luz.
El viento no soplo sobre las mentes
de aquellos que en las nubes volaban.
Triunfaban en su camino a los astros,
vencian las mareas celestes,
y facil se perdian en incoherencias.
Asi, aterrizaron en las copas de los robles,
temblando de frio por sus pies desnudos,
esperanzados en que la tierra los arrope
y las ramas los acunen.
Luego de unos años su fin encontraron.
La tierra que han secado y las ramas que han cortado
remplazadas por cemento y hierro
sus almas endurecieron y encerraron.
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